Me encantan las peluquerías, de siempre, creo que es por esa capacidad de sorprenderme que tienen, ese don para el imprevisto, sí, imprevisto, porque yo preveo que voy a quedar de una manera, me la imagino y monto un esquema sencillo en mi cabeza, no con todo detalle, pero sí a grandes rasgos de cómo quiero que me dejen la melena, y luego, salgo, y no se parece en nada a lo previsto, don para el imprevisto, lo que yo decía.
Pero no me enfada, ni me molesta, ni nada de eso, sólo una vez salí descontenta de una peluquería, y porque a pesar de que yo insistí e insistí, LISO, por favor, pues ella se empeñó en que me había salido un rizo natural muy bonito (me había salido en 35 minutos que llevaba allí, se ve) y nada, ni Diana Ross en sus mejores tiempos.
Decíamos, que me encanta, ese olor aromático de champú (porque los de casa nunca huelen como los de la peluquería, no nos engañemos, incluso aunque te gastes 10 eurazos en esa supercrema maravillosa que dicen que es la que ellos te echan... en casa, ya no queda igual).
Ese final enlacado, ese cierra los ojos una milésima más tarde de que aprete el botón del spray y te escuezan los ojos, pero sólo lo justo, como sólo un auténtico profesional de la peluquería sabe hacer.
Yo además, tengo la enorme suerte, de que en todas las peluquerías puedo participar activamente en la formación de los jóvenes talentos... (traducido: como tengo el pelo largo me lo puede cortar el nuevo, si se equivoca, están a tiempo de apañarlo) * Truco, si te toca el nuevo y querías cortarte 10 cm, di 5, al final vendrá la jefa a recortarte hasta que las capas queden bien y se llevarán 12.
Además aprende una un montón de cosas de las señoras con el tinte en la cabeza: "yo racista no soy, pero a los moros no los puedo ni ver" "se lo tengo dicho a mi hijo, que tiene el colesterol por las nubes de tanta grasa de hamburguesa y patata frita, ten cuidao, mira el del Tío Colás, se fue a Valencia y vino tonto por unos triskis que comió" "tú lo que tienes que hacer es casarte ya y dejarte de tanto estudio y tanta tontería"
La única pena de las peluquerías es ver todo lo que me pierdo, abren esos cajones llenos de cacharros, de rulos, de bigudíes, de otras pinzas raras, cepillos estrambóticos, un montón de cosas, y conmigo lo más que han usado ha sido una tenazas para hacer ondas y una docena de horquillas de moño (de esas que te clavan al estilo picador)... tengo que averiguar cuando los usan (para ahorrar y pedir algo que necesite varios artilugios) o si sólo decoran por los colores o para dar un aura de "estamos preparados para todo".