
En mis turnos de dependienta ocasional (ya son tantas las historias que voy a tener que etiquetarlas) sabéis que tengo un trato más que frecuente (y menos que agradable) con los niños. Los niños en su mayoría sólo saben marearte, algunos por su inocencia de querer comprar el mundo con cinco céntimos y otros porque son unos pequeños cretinos sinvergüenzas que te gritan "te he dicho de fresa" cuando te han dicho de menta, sólo para reírse de ti, y reírse aún más, cuando le das el de fresa, te das la vuelta y acto seguido, "bueno no, dame el de menta" jijijaja con los otros pequeños niños del diablo.
Entre los que simplemente les falta un hervor está nuestro prota, es un niño algo grandote para su edad y sin malicia, pero a pesar del paso de los años, aún no domina el mundo en el que vive, es decir, que vive en su propio mundo de la piruleta, calle de la gominola como decía Homer.
En las calles piruleta los coches que pasan son de marshmallow amigos, de esponjosa nube, para entendernos, así que tenemos costumbre aconsejarle al final de su visita: MIRA ANTES DE CRUZAR, su madre le grita desde el banco del parque antes de cada una: MIRA ANTES DE CRUZAR, e incluso yo le grito cuando ya está fuera en la acera, MIRAAA SI VIENEN COCHEEEEEES, como una maruja cualquiera.
Da lo mismo, es un especilista en provocar frenazos, algunos sin susto, otros (como el de hace un par de semanas) con mucho susto porque llegó a poner las manos sobre el capó. A pesar de la angustia de la conductora y de los gritos de todo paseante que lo vió, él siguió su camino con esa arrogancia infantil tan de moda, sin mirar atrás, sin responder al ¿estás bien? de la automovilista (lo estaba, perfectamente).
Hoy he vuelto a repetir consejo, mi sister se lo ha reiterado desde la puerta y mi padre que se lo ha cruzado en la acera, lo ha llamado por su nombre añadiendo el susodicho "párate y mira antes de pasar", y cuando ha entrado, nos hemos sonreído y le hemos comentado que era, posiblemente, la cuarta vez que lo escuchaba en diez minutos, y es así, por esos comentarios sin importancia que haces, como nos hemos enterado de que esto de ser despistado hasta lo más profundo es algo genético, ya que mi señor padre ha tenido a bien informarnos de que no había nada que hacer, que ya a su abuelo le tenían de mote "EL MIRACIELOS", no hace falta explicación, y se lo ganó a base de esfuerzo, cayéndose no sé cuántas veces a la reguera que había al lado del camino porque nunca miraba por dónde andaba.