-Whiner: Eso se llama reposición, televisivamente hablando.
- Sometimes: Eso se llama aniversario porque lo digo yo. Además... ¿quién no se ha detenido ante el Príncipe de Bel Air o Médico de Familia zappeando por esos canales dejados de la mano de dios que pueblan el TDT?
- Whiner: Yo
- Sometimes: Venga... ¿ni para ver las gafas que llevaba Emilio Aragón? ¿para reírte de Chechu?
- Whiner: .... pse... puede ser...
-Eso es un sí. Decíamos, como sigo los prospectos a pies juntillas no se me ha pasado ni un efecto secundario, oiga, naúseas incluidas, y llevo una semana sin café y necesito republicarlo, releerlo, no sé, elevarlo a los altares para recordar aquellos tiempos de adoración cafeinística.

Yo soy de esas personas, que gracias a dios abundan, que el momento en el que se encuentran más cerca de la conducta delictiva es si por cualquier alineación de planetas o catástrofe similar... amanece y ven que no hay café.
Sí, así de claro, y no es que esto sea una manifestación de reconocimiento en plan "el primer paso para dejarlo es reconocer que tienes un problema", no, no, mi organismo, bien acostumbrado durante largos años, únicamente pide para funcionar una taza de café, es sencillo y me sale económico y, para mí, esa taza de café es un placer.
Pero nooo de ese aguado de las cafeteras marujiles de esquina... sí, son esas de jarrita blanca o roja (también variedades en negro = menos marrano como dicen por aquí) que viven en un triste rincón de la encimera de la cocina, y allí pasan sus vidas alimentadas de fieltros marca supermercado de confianza (léase el Mercadona, caprabo y similares) y de café de oferta o, en su defecto, marcilla de toda la vida, y cuyo momento álgido del día es aquel en el que LaMari y LaPuri vienen a tomar café a eso de las 4 para ver Pasión de Gavilanes o la telenovela de turno con escaso argumento y tíos/tías de dudoso nivel interpretativo pero bien buenos que están, como dice LaPaqui, que las invita con todo el gusto, para pasar la sobremesa criticando a LaMicaela, que siempre se está quejando de que no llega a fin de mes y bien que se va a almorzar al bar con LaChari y LaRo (como se hace llamar desde que pensó que si a la rociíto le quedaba más fashion, a ella también), y que como todo el barrio sabe, son dos lagartas de cuidao.
Esas cafeteras son las descendientes de la cafetera de aluminio con asa y pomo en negro, que ha quedado reducida a la hermana pobre de las cafeteras, sin que nadie le reconozca el mérito por tantos años de servicios prestados, y que aún sigue en toda casa decente que se precie, aunque sea sin usar, olvidada en el armario. Y sin embargo, resulta ser la que salva la papeleta cuando las otras se niegan a funcionar, porque esas cafeteras además de "amanosicas" como diría mi abuela, son simplemente indestructibles.
Bueno, pues a mí ese café no me gusta, me sabe a agua, yo necesito un café de cafetera express, con su espumita, sí, nací en esta nueva era y mi primer café fue express, por poco tradicional que sea, y otro no quiero, que noooo... es de esos caprichos irrenunciables, abandonarlo sería renunciar a mí misma (y esta pseudo-frase psicológica me la saco de la manga por muy difícil que sea de imaginar y/o entender... vamos que ni yo misma la entiendo, pero no la pienso quitar que me ha quedado digna que te *****, oseas).
Y cuando por cosas de mi destierro voluntario tuve que abandonar los parajes de cantinas de Facultad (donde el café sabe a rayos pero es aún más adictivo) y cafeterías circundantes, pues en un arranque consumista sin precedentes en mí (me pasao, precedentes hay) pedí hasta la saciedad una cafetera express, con su brazo y su vapor, veeeenga, ya sé que es cara, aunque sea como regalo de reyes (lo queda aún más ridículo porque hace años que no hay reyes en mi casa que somos ya mayorcicos), es que la quiero, es que el otro no me gusta jooo y otros arrastramientos varios, hasta que la conseguí, y la desembalé con mucho cuidado y le dí un sitio privilegiado en la cocina, no una vulgar esquina, y le compré café recién molidito (Salzillo imperial natural mmm para mí el mejor), y se convirtió en mi amiga de las mañanas, quien me da los buenos días porque hasta que no la pongo a funcionar y empieza a oler la cocina a café, ni son buenos, ni son días, ni yo soy persona ni nada de nada...
Y lo que me cabrean todos esos amigos, conocidos y modernos de la tele que salen a intentar convencerte de lo malo que es el café (recordemos sin título médico o similar... que irrita más) y te advierten, señalando con el dedo y negando con la cabeza en gesto claro de reprobación, que lo dejes pero ya:
Agradecimientos a H que me facilitó la foto.
Pero nooo de ese aguado de las cafeteras marujiles de esquina... sí, son esas de jarrita blanca o roja (también variedades en negro = menos marrano como dicen por aquí) que viven en un triste rincón de la encimera de la cocina, y allí pasan sus vidas alimentadas de fieltros marca supermercado de confianza (léase el Mercadona, caprabo y similares) y de café de oferta o, en su defecto, marcilla de toda la vida, y cuyo momento álgido del día es aquel en el que LaMari y LaPuri vienen a tomar café a eso de las 4 para ver Pasión de Gavilanes o la telenovela de turno con escaso argumento y tíos/tías de dudoso nivel interpretativo pero bien buenos que están, como dice LaPaqui, que las invita con todo el gusto, para pasar la sobremesa criticando a LaMicaela, que siempre se está quejando de que no llega a fin de mes y bien que se va a almorzar al bar con LaChari y LaRo (como se hace llamar desde que pensó que si a la rociíto le quedaba más fashion, a ella también), y que como todo el barrio sabe, son dos lagartas de cuidao.
Esas cafeteras son las descendientes de la cafetera de aluminio con asa y pomo en negro, que ha quedado reducida a la hermana pobre de las cafeteras, sin que nadie le reconozca el mérito por tantos años de servicios prestados, y que aún sigue en toda casa decente que se precie, aunque sea sin usar, olvidada en el armario. Y sin embargo, resulta ser la que salva la papeleta cuando las otras se niegan a funcionar, porque esas cafeteras además de "amanosicas" como diría mi abuela, son simplemente indestructibles.
Bueno, pues a mí ese café no me gusta, me sabe a agua, yo necesito un café de cafetera express, con su espumita, sí, nací en esta nueva era y mi primer café fue express, por poco tradicional que sea, y otro no quiero, que noooo... es de esos caprichos irrenunciables, abandonarlo sería renunciar a mí misma (y esta pseudo-frase psicológica me la saco de la manga por muy difícil que sea de imaginar y/o entender... vamos que ni yo misma la entiendo, pero no la pienso quitar que me ha quedado digna que te *****, oseas).
Y cuando por cosas de mi destierro voluntario tuve que abandonar los parajes de cantinas de Facultad (donde el café sabe a rayos pero es aún más adictivo) y cafeterías circundantes, pues en un arranque consumista sin precedentes en mí (me pasao, precedentes hay) pedí hasta la saciedad una cafetera express, con su brazo y su vapor, veeeenga, ya sé que es cara, aunque sea como regalo de reyes (lo queda aún más ridículo porque hace años que no hay reyes en mi casa que somos ya mayorcicos), es que la quiero, es que el otro no me gusta jooo y otros arrastramientos varios, hasta que la conseguí, y la desembalé con mucho cuidado y le dí un sitio privilegiado en la cocina, no una vulgar esquina, y le compré café recién molidito (Salzillo imperial natural mmm para mí el mejor), y se convirtió en mi amiga de las mañanas, quien me da los buenos días porque hasta que no la pongo a funcionar y empieza a oler la cocina a café, ni son buenos, ni son días, ni yo soy persona ni nada de nada...
Y lo que me cabrean todos esos amigos, conocidos y modernos de la tele que salen a intentar convencerte de lo malo que es el café (recordemos sin título médico o similar... que irrita más) y te advierten, señalando con el dedo y negando con la cabeza en gesto claro de reprobación, que lo dejes pero ya:
- que la cafeína es muuu mala uuuuhhh te vas a poner viejísima, un horror para la piel, oseas.
- que es fatal para el corazón por lo de la hipertensión y eso (aunque tu seas de tensión baja.. no sirve para defenderte... comprobado)
- que así es peor el síndrome premenstrual (claro, como el chocolate, si yo también lo he leído en el Cosmo... pero quítamelo y verás lo peor que soy yo)
- que tu sistema nervioso seguro que es una mierda (que piensas... pues como tu capacidad intelectual... y te he dicho yo algo, eh???)
- que ya estás enganchada y que hacerse dependiente de algo es una bajeza moral (juraíco que esto me lo han dicho por ¡¡¡¡1 TAZA DE CAFÉ AL DÍA!!!!)
Agradecimientos a H que me facilitó la foto.